Dormir toda la noche.
Probablemente sea una de las frases que más escuchamos durante el primer año de un bebé.
—¿Ya duerme toda la noche?
—¿Todavía se despierta?
—¿Cuántas veces se levanta?
Y cuando llevamos varias noches despertándonos cada pocas horas, es fácil empezar a preguntarnos si estamos haciendo algo mal.
Sin embargo, que un bebé se despierte durante la noche es completamente diferente a que un adulto lo haga. Su sueño está madurando y va cambiando enormemente durante los primeros meses de vida.
Entenderlo no hará desaparecer las noches difíciles, pero quizá sí nos ayude a vivirlas con algo menos de preocupación.
El sueño del bebé no funciona como el nuestro
Cuando nace, un bebé todavía no diferencia el día de la noche como lo hacemos los adultos.
Durante las primeras semanas duerme muchas horas repartidas entre el día y la noche y se despierta frecuentemente para alimentarse.
Poco a poco su organismo empieza a adaptarse al ciclo de luz y oscuridad y sus periodos de sueño nocturno pueden ir haciéndose más largos.
Pero este proceso necesita tiempo.
Por eso comparar el sueño de un recién nacido con el de un niño mayor —o incluso con el de otro bebé de la misma edad— puede generar expectativas poco realistas.
Entonces, ¿por qué se despierta tantas veces?
No existe una única razón.
Cuando son muy pequeños, muchos despertares están relacionados con necesidades básicas: hambre, necesidad de contacto, incomodidad, temperatura o simplemente el paso de un ciclo de sueño a otro.
Los bebés, al igual que los adultos, atraviesan diferentes fases mientras duermen.
La diferencia es que sus ciclos son distintos y su capacidad para volver a dormirse también está todavía desarrollándose.
Por eso puede ocurrir algo que resulta desesperante para unos padres agotados: el bebé estaba profundamente dormido y, aparentemente sin motivo, vuelve a abrir los ojos.
No necesariamente significa que haya un problema.
¿Cuándo empieza un bebé a dormir toda la noche?
Aquí probablemente esté una de las mayores fuentes de preocupación.
No existe una edad exacta.
Algunos bebés empiezan relativamente pronto a encadenar periodos largos de sueño y otros continúan despertándose durante bastante más tiempo.
Además, cuando hablamos de “dormir toda la noche” debemos tener cuidado con lo que entendemos por ello.
Para un bebé, conseguir dormir varias horas consecutivas ya puede representar un periodo largo de sueño, aunque para sus padres la noche todavía parezca demasiado corta.
Cada niño va desarrollando sus propios patrones.
El sueño cambia muchísimo durante el primer año
Y justo cuando creemos que hemos encontrado una rutina…
Todo puede volver a cambiar.
El desarrollo del bebé no se detiene mientras duerme.
Aprende nuevas habilidades, empieza a moverse más, cambia su alimentación, aparecen dientes, descubre que puede sentarse, gatear o ponerse de pie y vive enormes cambios cognitivos y emocionales.
Todo ello puede coincidir con periodos en los que vuelve a despertarse con mayor frecuencia.
Popularmente solemos escuchar hablar de las famosas regresiones del sueño. Más que imaginar que el bebé está retrocediendo, podemos entender que su sueño también evoluciona mientras él crece.
Crear una pequeña rutina puede ayudar
No existe una rutina mágica que consiga que todos los bebés duerman de inmediato.
Pero repetir cada noche algunos gestos sencillos puede ayudar a señalar que el día está terminando.
Un baño tranquilo.
Bajar progresivamente la intensidad de las luces.
Ponerse uno de sus pijamas cómodos para dormir.
Un cuento.
Una canción.
Un abrazo.
No hace falta realizar siempre diez pasos ni mirar constantemente el reloj. Lo importante es crear poco a poco un ambiente tranquilo y reconocible.
¿Es buena idea utilizar una luz nocturna?
Durante la noche interesa mantener un ambiente oscuro y tranquilo.
Pero quienes hemos tenido que preparar una toma o cambiar un pañal de madrugada sabemos lo poco agradable que resulta encender de repente la luz principal de una habitación.
En esos momentos, una luz nocturna infantil tenue puede resultar práctica para disponer de la iluminación necesaria sin llenar toda la estancia de luz.
No necesitamos mantenerla encendida toda la noche si el bebé no la necesita.
Puede ser simplemente una pequeña ayuda para esos despertares nocturnos que forman parte de los primeros meses.
En nuestra sección Para dormir puedes encontrar pijamas, luces nocturnas y otros pequeños artículos pensados para acompañar esos momentos de descanso.
Si tienes dudas sobre tejidos, prendas o cuánto abrigarlo durante la noche, también puedes consultar nuestra guía sobre cómo elegir ropa cómoda para dormir al bebé.
El entorno de sueño sí importa
Aquí hay algo mucho más importante que conseguir que el bebé duerma más horas: que duerma de forma segura.
Para dormir, las recomendaciones actuales indican colocar al bebé boca arriba, sobre una superficie firme y plana y mantener la zona de sueño libre de almohadas, protectores, peluches y objetos blandos.
También debemos evitar el exceso de abrigo.
Si tenemos dudas sobre cómo preparar un entorno seguro para dormir, especialmente durante los primeros meses, merece la pena consultar las recomendaciones de nuestro pediatra.
Y también está el cansancio de los padres
Hay noches preciosas.
Y hay otras en las que son las cuatro de la mañana, el bebé vuelve a llorar y sentimos que llevamos semanas sin dormir.
Hablar del sueño infantil únicamente desde el punto de vista del bebé deja fuera una parte muy importante de la historia.
Los padres también necesitan descansar.
Cuando sea posible, repartir despertares, aceptar ayuda o intentar descansar en otros momentos puede marcar una gran diferencia.
No siempre podremos hacerlo. Pero estar agotados no significa que estemos haciendo algo mal.
Algún día dejará de despertarse tantas veces
Cuando estamos atravesando una época complicada de sueño parece que nunca va a terminar.
Pero termina.
Llegará una noche en la que dormirá un poco más.
Después otra.
Las rutinas cambiarán, desaparecerán algunas tomas nocturnas y aquellos despertares que parecían interminables irán quedando atrás.
Hasta que, probablemente sin darnos cuenta, llegue el día en que ya no tengamos que entrar tantas veces en su habitación.
Y quizá entonces incluso echemos un poquito de menos aquella pequeña cara que nos esperaba despierta en mitad de la noche.
Porque durante el primer año no solamente está aprendiendo a dormir.
Está aprendiendo a vivir.
