La piel de un bebé es una de las primeras cosas que nos sorprenden cuando lo tenemos en brazos. Es suave y delicada, pero también está adaptándose a un mundo completamente nuevo.

Durante las primeras semanas pueden aparecer pequeñas zonas secas, descamación o cambios que llaman nuestra atención. Y es normal que, especialmente con el primer bebé, surjan muchas preguntas: ¿hay que bañarlo todos los días?, ¿necesita crema?, ¿qué productos podemos utilizar?, ¿cuánto es demasiado?

En realidad, el cuidado de la piel del bebé suele ser mucho más sencillo de lo que pensamos.

¿Por qué la piel del bebé necesita un cuidado especial?

La piel actúa como una barrera protectora frente al exterior y durante los primeros meses todavía está madurando.

Por eso no necesitamos llenar el baño de productos diferentes. Generalmente, una higiene suave, evitar irritantes y observar cómo responde su piel resulta más importante que utilizar muchos cosméticos.

Cada bebé, además, es diferente. Algunos tienen una piel que apenas necesita cuidados adicionales y otros presentan mayor tendencia a la sequedad.

Si aparecen irritaciones persistentes, lesiones, heridas o cualquier alteración que nos preocupe, lo adecuado es consultarlo con el pediatra en lugar de intentar solucionarlo probando diferentes productos.

El baño: mucho más que una cuestión de higiene

El baño puede convertirse en uno de esos pequeños rituales que terminamos recordando con especial cariño.

El agua templada, nuestra voz, unas manos que lo sujetan con seguridad…

Durante unos minutos parece que todo se detiene.

No existe una frecuencia de baño única que sea necesaria para todos los recién nacidos. La Asociación Española de Pediatría señala que puede hacerse diariamente, cada dos días o con menor frecuencia, siempre manteniendo una higiene adecuada.

Cuando utilicemos jabón, es preferible que sea suave y en poca cantidad. Tampoco es necesario prolongar demasiado el baño, especialmente cuando son muy pequeños.

Secar su piel también requiere delicadeza

Después del baño llega otro gesto sencillo pero importante.

En lugar de frotar con la toalla, podemos secar suavemente mediante pequeños toques, prestando especial atención a los pliegues del cuello, axilas e ingles.

Son zonas donde puede permanecer humedad sin que nos demos cuenta.

Si observamos que su piel está especialmente seca, podemos valorar utilizar un producto hidratante adecuado para su edad. La AEP contempla el uso de lociones hidratantes después del baño cuando existe especial sequedad.

Aquí también se aplica una regla que muchas veces olvidamos:

más productos no significa necesariamente más cuidado.

La zona del pañal

Probablemente sea una de las partes de la piel que más atención necesita durante los primeros meses.

La humedad, el contacto con la orina y las heces y el propio roce del pañal pueden favorecer la irritación.

Cambiar el pañal con frecuencia, limpiar con suavidad y secar correctamente la zona son hábitos sencillos que ayudan a mantenerla cuidada.

Y si aparece una irritación importante, empeora o no desaparece, conviene consultar con el pediatra.

Cada piel es diferente

No todos los bebés reaccionan igual.

Uno puede presentar tendencia a la sequedad mientras otro apenas necesita hidratación. También podemos encontrar pequeñas descamaciones o cambios temporales durante las primeras semanas.

Por eso quizá sea más útil observar la piel de nuestro bebé que intentar seguir una rutina idéntica a la de otras familias.

Cuando encontramos una rutina sencilla que funciona, no necesitamos complicarla.

El mejor cosmético también pueden ser nuestras manos

Hay una parte del cuidado del bebé que no viene dentro de ningún envase.

El contacto.

Después del baño podemos aprovechar ese momento tranquilo para acariciarlo, hablarle o darle un pequeño masaje mientras lo vestimos.

No hace falta convertirlo en una técnica ni seguir unos pasos determinados. Para el bebé también es una oportunidad para sentir nuestro tacto, escuchar nuestra voz y disfrutar de nuestra cercanía.

El contacto piel con piel tiene un papel especialmente importante desde el nacimiento y favorece, entre otros aspectos, el vínculo entre padres y bebé.

Y quizá por eso algunos de los momentos más sencillos terminan siendo los más especiales.

Cuidamos muchísimo al bebé… ¿pero quién cuida a mamá?

Desde que nace un bebé ocurre algo curioso.

Preguntamos si ha comido.

Si ha dormido.

Si ha hecho caca.

Si tiene frío.

Si tiene calor.

Si está tranquilo.

Y muchas veces nos olvidamos de preguntar algo mucho más sencillo:

¿Cómo estás tú?

El cuerpo de una mujer atraviesa enormes cambios durante el embarazo y después del nacimiento. Y cuidarse no tiene por qué significar disponer de una hora libre que probablemente no existe.

A veces son simplemente cinco minutos.

Una ducha tranquila.

Aplicarse una crema corporal o antiestrías después del baño.

Utilizar unas gotas de aceite facial o corporal.

O sentarse un momento mientras otra persona se ocupa del bebé.

No necesitamos presentar estos gestos como una obligación más ni perseguir la idea de recuperar cuanto antes el cuerpo anterior al embarazo.

El autocuidado también puede ser simplemente eso: reservar un pequeño momento para sentirse bien.

Una rutina para los dos

Quizá podamos cambiar incluso nuestra manera de entender estos cuidados.

No pensar únicamente en “la rutina del baño del bebé”, sino en un pequeño momento compartido.

Primero su baño.

Después secarlo despacio.

Un masaje.

El pijama.

Un abrazo.

Y cuando finalmente esté tranquilo, dedicar unos minutos a nosotros.

En nuestra sección de productos para el baño y cuidado diario puedes encontrar algunos artículos pensados para acompañar estos pequeños momentos tanto del bebé como de mamá.

Porque cuidar a un bebé ocupa muchísimo espacio en nuestra vida.

Pero cuidarnos nosotros también debería conservar un pequeño rincón.

Y muchas veces no necesitamos grandes rutinas para conseguirlo.

Solo unos minutos, un poco de calma y recordar que quien cuida también merece ser cuidado.