Llega un momento en muchas familias en el que aparece una pregunta que no siempre tiene una respuesta sencilla: ¿cuándo debería empezar mi bebé la guardería?

Para algunos padres la decisión viene marcada por la vuelta al trabajo. Otros pueden elegir esperar unos meses más y también hay familias que tienen la posibilidad de cuidar al pequeño en casa hasta los dos o tres años.

Y entonces empiezan las dudas.

¿Será demasiado pequeño? ¿Estará bien sin nosotros? ¿Necesita relacionarse con otros niños? ¿Aprenderá más en la guardería? ¿Y si pudiera quedarse en casa, sería mejor esperar?

La realidad es que no existe una edad perfecta para todos los niños ni una única decisión correcta para todas las familias.

¿Cuál es la mejor edad para empezar la guardería?

No existe un momento exacto que garantice una mejor adaptación.

Hay bebés que empiezan la escuela infantil con pocos meses porque sus padres necesitan incorporarse al trabajo, mientras que otros comienzan alrededor del año, a los dos años o directamente cuando se acercan al inicio del colegio.

Más que buscar una edad perfecta, merece la pena valorar las circunstancias familiares, cómo es el pequeño y, sobre todo, el centro al que acudirá.

Una escuela infantil con profesionales atentos, grupos adecuados y un entorno seguro puede convertirse en un espacio donde el bebé se sienta querido y acompañado mientras descubre poco a poco un mundo diferente al de casa.

¿Y si podemos cuidarlo en casa hasta los tres años?

También puede ser una opción perfectamente válida.

A veces existe cierta presión alrededor de la idea de que un niño necesita ir pronto a la guardería para aprender a relacionarse. Sin embargo, la socialización no ocurre únicamente dentro de una escuela infantil.

Un niño que permanece en casa puede relacionarse con otros pequeños en el parque, con familiares, en actividades o simplemente formando parte de la vida cotidiana de su familia.

Si existe la posibilidad de cuidarlo en casa, se disfruta de esa etapa y el pequeño tiene oportunidades de jugar, explorar y relacionarse, no hay por qué sentirse obligado a escolarizarlo antes únicamente por miedo a que se quede atrás.

Del mismo modo, llevarlo a la guardería tampoco debería generar sentimiento de culpa.

Cada familia tiene su realidad.

Lo que puede aportar la escuela infantil

Cuando llega el momento, la guardería abre para el pequeño un mundo completamente nuevo.

Por primera vez empieza a convivir diariamente con otros niños de edades similares. Aprende que hay juguetes que se comparten, pequeñas rutinas que se hacen juntos y otras personas adultas que también pueden cuidarlo y ofrecerle seguridad.

Al principio probablemente no veremos grandes amistades como las entendemos los adultos. Los niños pequeños muchas veces juegan uno al lado del otro antes de aprender realmente a jugar juntos.

Pero poco a poco observan, imitan y descubren.

Aprenden canciones nuevas.

Experimentan con pinturas, cuentos, texturas y juegos.

Empiezan a participar en pequeñas rutinas.

Y, sobre todo, comienzan a comprender que existe todo un mundo más allá de casa.

Aprender a hacer pequeñas cosas solos

Uno de los cambios que muchas familias empiezan a observar con el tiempo es la aparición de pequeños gestos de autonomía.

Intentar comer solos.

Guardar algo después de utilizarlo.

Quitarse alguna prenda.

Reconocer dónde están sus cosas.

Seguir pequeñas rutinas.

No ocurre de un día para otro y tampoco debemos convertirlo en una competición. Cada niño tiene su propio ritmo.

Pero estar rodeado de otros pequeños que están intentando hacer exactamente lo mismo puede despertar muchas ganas de imitarlos.

Los primeros días pueden ser difíciles

Probablemente esta sea la parte que más preocupa a los padres.

Dejar a tu bebé llorando mientras tú sales por la puerta no resulta fácil, aunque racionalmente sepas que está en buenas manos.

Algunos niños entran felices desde el primer día. Otros necesitan unos días y algunos tardan varias semanas en sentirse completamente cómodos.

Por eso el periodo de adaptación es importante.

Siempre que el centro y las circunstancias familiares lo permitan, empezar progresivamente puede ayudar: ratos cortos al principio e ir aumentando el tiempo a medida que el pequeño va conociendo el espacio, a sus educadores y las nuevas rutinas.

También ayuda transmitir tranquilidad al despedirse.

Una despedida cariñosa pero sencilla suele ser preferible a desaparecer sin avisar o prolongar durante mucho tiempo un momento que ya resulta difícil para ambos.

Preparar juntos su pequeña mochila

Hay algo especialmente bonito en esos días previos: preparar por primera vez sus cosas.

Su muda.

Sus bodies.

Su babero si el centro lo solicita.

Su botella o vaso cuando corresponda.

Y esa pequeña mochila para la guardería que, de repente, nos hace darnos cuenta de que nuestro bebé empieza una nueva etapa.

No hace falta llenarla de cosas. De hecho, cada escuela infantil suele entregar su propia lista y es mejor esperar a conocer exactamente qué solicita el centro.

Para las mudas, normalmente resultan especialmente prácticos los bodies cómodos para bebé y prendas fáciles de poner y quitar. Los accidentes forman parte del día a día y probablemente agradeceremos haber dejado alguna prenda extra.

Una etapa nueva para ellos… y también para nosotros

A veces hablamos tanto de la adaptación del niño que nos olvidamos de la nuestra.

Para los padres también supone aprender a separarse unas horas, confiar en otras personas y aceptar que nuestro pequeño empieza a vivir experiencias en las que nosotros ya no estamos presentes.

Puede producir tristeza y, al mismo tiempo, orgullo.

Y ambas cosas son compatibles.

Un día llegará contando a su manera algo que ha hecho, cantará una canción que nunca le habíamos enseñado o mencionará insistentemente el nombre de otro pequeño de su clase.

Y probablemente entonces entendamos que aquel primer día que tanto nos preocupaba era simplemente el comienzo de una etapa diferente.

Guardería o casa: no debería ser una competición

Quizá lo más importante sea recordar que criar a un niño no consiste en cumplir un calendario.

Empezar la guardería antes no significa necesariamente avanzar más rápido.

Quedarse en casa durante más tiempo tampoco significa perder oportunidades.

Lo importante durante estos primeros años es que el niño tenga cariño, atención, seguridad, oportunidades para jugar y descubrir, y personas que respondan a sus necesidades.

Eso puede ocurrir en casa, en una buena escuela infantil o combinando ambas cosas.

Cuando llegue vuestro momento, preparad su pequeña mochila, respirad hondo y recordad que no solamente empieza la guardería.

Empieza una nueva etapa para toda la familia.