Llega el otoño, bajan las temperaturas y, casi sin darnos cuenta, empezamos a mirar el termómetro antes de salir de casa.
Si tenemos un bebé pequeño, las dudas aparecen enseguida.
¿No hará demasiado frío para sacarlo? ¿Y si se resfría? ¿Es mejor esperar a que salga el sol? ¿Cuánto tiempo podemos estar fuera?
Durante el verano parece que todo es más sencillo. Salimos a pasear, disfrutamos del aire libre y aprovechamos cualquier momento para dar una vuelta. Pero cuando llega el frío, muchos padres empiezan a preguntarse si esos paseos siguen siendo recomendables.
La buena noticia es que un bebé sano puede seguir disfrutando del aire libre cuando bajan las temperaturas, siempre que adaptemos la salida a su edad, al tiempo que hace y a sus necesidades.
¿Es malo sacar al bebé cuando hace frío?
No. El frío, por sí solo, no provoca los resfriados.
Los resfriados son infecciones causadas por virus, aunque durante los meses fríos pasemos más tiempo en espacios cerrados y aumenten algunas infecciones respiratorias.
Por eso, no debemos pensar que salir a la calle en un día fresco significa que nuestro bebé vaya a ponerse enfermo.
Lo importante es protegerlo de las temperaturas extremas, del viento intenso y de la humedad, sin abrigarlo en exceso.
Y, por supuesto, valorar las circunstancias de cada niño. Un recién nacido prematuro, un bebé con alguna enfermedad o uno que no se encuentra bien puede necesitar precauciones diferentes.
¿Por qué es bueno seguir saliendo a pasear?
A veces pensamos que un paseo sirve únicamente para que el bebé duerma un rato en el carrito.
Pero salir de casa puede ofrecerle mucho más.
Un mundo lleno de pequeños descubrimientos
Aunque todavía sea demasiado pequeño para comprender lo que ocurre a su alrededor, cada paseo le ofrece nuevas experiencias.
El movimiento de las hojas.
Los sonidos de la calle.
La luz que atraviesa los árboles.
Las voces de otras personas.
Los cambios de paisaje.
Todo forma parte de ese mundo que empieza a descubrir poco a poco.
No necesitamos organizar grandes actividades para estimular a un bebé. A veces, un paseo tranquilo por el barrio ya ofrece suficientes novedades.
La luz natural y las rutinas
Salir durante el día también ayuda a establecer una diferencia entre los momentos de actividad y los de descanso.
La exposición habitual a la luz natural durante el día contribuye a las señales ambientales que ayudan a regular los ritmos de sueño y vigilia a medida que el bebé madura.
Eso no significa que salir a pasear garantice una noche sin despertares, pero puede formar parte de una rutina diaria agradable.
Un momento de bienestar para los padres
Y no podemos olvidarnos de nosotros.
Después de pasar muchas horas en casa atendiendo a un bebé, salir a caminar puede convertirse en un pequeño respiro.
Cambiar de ambiente, tomar el aire y desconectar unos minutos de las tareas domésticas también puede hacernos sentir mejor.
Porque los paseos no son únicamente para los bebés.
También pueden ser un momento de calma para quienes los cuidan.
¿A qué hora es mejor salir cuando bajan las temperaturas?
Durante los meses fríos, las horas centrales del día suelen resultar más agradables que las primeras horas de la mañana o el anochecer.
Sin embargo, no existe un horario perfecto.
Dependerá de la temperatura, el viento, la lluvia y las condiciones de cada día.
Un paseo corto a media mañana puede ser una buena opción si el tiempo acompaña.
Y si hace mucho frío, hay viento fuerte o las condiciones son desagradables, tampoco ocurre nada por quedarse en casa y esperar a otro momento.
Salir a pasear debería ser algo agradable, no una obligación.
¿Cómo saber si el bebé tiene frío o demasiado calor?
Una de las dudas más frecuentes es cómo comprobar si hemos abrigado correctamente al pequeño.
Muchas veces tocamos sus manos y, al notarlas frías, pensamos inmediatamente que necesita otra manta.
Pero las manos y los pies pueden estar más frescos que el resto del cuerpo sin que eso signifique necesariamente que el bebé tenga frío.
Para orientarnos, resulta más útil comprobar cómo está su pecho o la parte posterior del cuello.
Si está sudando, tiene el tronco muy caliente o se muestra incómodo, quizá lleve demasiadas capas.
Si tiene el tronco frío o parece encontrarse mal, debemos revisar su abrigo y las condiciones del entorno.
Es preferible utilizar varias capas ligeras que podamos retirar o añadir según cambie la temperatura.
Y algo importante: cuando entramos en un lugar con calefacción, debemos revisar su abrigo y retirar las capas que ya no necesite.
El carrito también necesita algunos cuidados
Cuando salimos a pasear, el carrito se convierte en un pequeño refugio para nuestro bebé.
Podemos utilizar prendas y complementos adecuados a la temperatura, siempre procurando que su cara quede descubierta y que exista una ventilación correcta.
No debemos cubrir completamente la abertura del carrito con una manta o una muselina, ya que esto puede dificultar la ventilación y favorecer que aumente la temperatura en su interior.
También conviene revisar de vez en cuando cómo se encuentra el bebé, especialmente si está dormido.
Y si utilizamos una manta, debemos asegurarnos de que no pueda desplazarse y cubrirle la cara.
Lo importante no es llevar muchos accesorios, sino utilizar correctamente los que realmente necesitamos.
¿Cuánto tiempo puede durar un paseo en invierno?
No existe una duración universal.
En un día fresco y agradable podemos disfrutar de un paseo más largo, mientras que con temperaturas muy bajas, viento o lluvia quizá sea preferible reducirlo.
En los recién nacidos, especialmente durante las primeras semanas, conviene ser más prudentes y adaptar las salidas a sus necesidades de alimentación, descanso y confort.
También debemos recordar que un bebé pequeño no puede decirnos si tiene frío, por lo que necesita que estemos pendientes de él.
Si el tiempo empeora o notamos que no está cómodo, lo mejor es regresar a casa.
¿Y si está resfriado?
Dependerá de cómo se encuentre.
Un bebé con síntomas leves, sin fiebre y con buen estado general puede tolerar una salida tranquila, siempre que las condiciones sean adecuadas.
Pero si tiene fiebre, dificultades para respirar, está decaído o come mucho menos de lo habitual, debemos priorizar su atención y consultar con un profesional sanitario.
En los menores de tres meses, una temperatura de 38 °C o más requiere valoración médica urgente.
No debemos utilizar los paseos como un tratamiento para los resfriados ni pensar que el aire frío ayudará necesariamente a recuperarse.
Los paseos también cambian a medida que crecen
Hay algo especialmente bonito en observar cómo cambia la forma en que nuestros hijos disfrutan de la calle.
Al principio, los paseos transcurren casi siempre entre pequeñas siestas y momentos de tranquilidad dentro del carrito.
Unos meses después empiezan a observarlo todo con curiosidad.
Más adelante señalan los árboles, se sorprenden con los perros que pasan o intentan alcanzar una hoja que ha caído al suelo.
Y un día, aquel bebé que dormía durante todo el paseo empieza a caminar a nuestro lado, deteniéndose cada pocos pasos para descubrir algo nuevo.
Entonces entendemos que aquellas pequeñas salidas eran mucho más que una manera de pasar la mañana.
Eran sus primeros encuentros con el mundo.
No dejemos que el frío nos robe esos pequeños momentos
El otoño y el invierno también tienen su encanto.
Los parques cambian de color, las calles están más tranquilas y volver a casa después de un paseo fresco puede convertirse en uno de los momentos más agradables del día.
No necesitamos salir todos los días ni hacerlo durante horas.
Tampoco debemos sentirnos culpables cuando el tiempo no acompaña y preferimos quedarnos en casa.
Se trata simplemente de encontrar un equilibrio, proteger a nuestro bebé y seguir disfrutando de las pequeñas experiencias cotidianas.
Porque, a veces, los recuerdos más bonitos de la infancia comienzan con algo tan sencillo como un paseo de la mano de mamá o papá en una mañana de otoño.
